
Eran ya las 12 de la noche. Todo el mundo estaba acostado en mi casa, silenciosas todas sus paredes, así que decidí asomarme a la ventana y fumarme un cigarro. Ya se que había pensado
dejarlo pero... había tenido un día muy malo y necesitaba esa dosis de nicotina que no revitaliza mi cuerpo , ni siquiera mi mente, pero estar enganchada al tabaco es como estar enganchada a tu amor, no lo puedo dejar. Encendí el cigarro y miraba alelada como se consumía poco a poco, igual que mi vida desde que te separaste de mi. Hacia bastante viento, lo lógico en esta estación del año, y la ceniza volaba descontrolada y acabó por metérseme en el ojo. Me dolía, el escozor era fatal y al revolverme, el mechero que tenía entre la mano se me calló a la calle con tan mala suerte que le golpeé a un chico en la cabeza que en ese momento estaba paseando a su perro. Me asomé para pedirle perdón y bajo mi ventana vi al chico más perfecto que jamás habia visto. Nose si sería porque no veía bien o porque a esas horas el sueño me podía pero me pareció guapisimo. Le pedí perdón mientras él se rascaba la cabeza en señal de dolor, y me dijo que no pasaba nada, que tuviera más cuidado la próxima vez. Y así se fue; sin darme cuenta que con el entusiasmo de haberle conocido no le habia pedido que me devolviera el mechero. Así que ahora todas la noches me fumo un cigarro y espero que bajo mi ventana vuelva a aparecer este principe azul.
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